Como miembro de La Sociedad Clave y participante en el desayuno celebrado en Madrid, pude comprobar de primera mano cómo el periodismo de investigación y los detectives privados comparten mucho más que un territorio común: comparten la responsabilidad de aportar pruebas y contexto en un momento donde la información se ha vuelto frágil, rápida y, a menudo, distorsionada.
Un desayuno para hablar de investigación con nombres propios
En los Desayunos con La Sociedad Clave, bajo el título “Periodistas y Detectives: La investigación”, se sentaron a la misma mesa:
• Los periodistas Beatriz Parera (El Confidencial), Daniel Montero (Mediaset), José María Olmo (El Confidencial) y Esteban Urreiztieta (El Mundo)
• Y los directores de dos de las agencias de detectives más reconocidas de España: Julio Gutiez (Mira Detectives) y Francisco Marco (Método 3)
Desde mi posición como asistente, el encuentro fue una oportunidad muy ilustrativa para entender cómo se cruzan, complementan y también se diferencian los marcos legales, éticos y metodológicos de periodistas y detectives.
Pruebas frente a fuentes: dos formas de sostener la verdad
Uno de los ejes del debate fue la diferencia entre la exigencia probatoria de los detectives y el funcionamiento del periodismo de investigación.
Francisco Marco recordó que, en su trabajo, no basta con la sospecha: si un detective afirma que alguien entra en una sede política, debe poder respaldarlo con una fotografía o prueba objetiva, porque viven de la fiabilidad de sus informes y están obligados por la jurisprudencia a probar cada afirmación.
Frente a ello, explicó que los periodistas pueden apoyarse en una o varias fuentes y ampararse en el secreto profesional, una herramienta que los detectives no tienen. Aun así, el propio Marco subrayó que ambos mundos acaban confluyendo, hasta el punto de que un detective puede verse como un híbrido entre periodista, investigador y abogado.
También destacó que, en el contexto actual de casos de presunta corrupción, gracias al periodismo de investigación y, en muchos casos, al trabajo de investigadores privados, se está pudiendo volver a poner la lupa sobre el poder y reclamar regeneración.
El valor del trabajo soterrado de los detectives
Daniel Montero aprovechó su intervención para poner en valor el trabajo poco visible de los detectives privados. Desde sus primeros años en El Mundo, contó que aprendió a apreciar esa labor soterrada, a veces discreta y poco conocida, que en ocasiones apoya investigaciones periodísticas complejas.
Montero también habló de los límites éticos y personales con los que trabajan los periodistas: llega un punto en el que la profesión se sostiene en la palabra, en acuerdos sellados con un apretón de manos y en la confianza mutua con las fuentes.
Una colaboración productiva entre periodismo de investigación y agencias
Esteban Urreiztieta fue muy claro al afirmar que los periodistas pueden colaborar con agencias de investigación y que los resultados están ahí. Recordó que existe un elemento común entre periodistas e investigadores privados: la búsqueda de la verdad, que “mueve montañas” y puede cambiar el curso de los acontecimientos.
Tomó como ejemplo el caso de Francisco Paesa, citado también por Marco, para ilustrar cómo la combinación entre periodistas y agencias de investigación puede llegar más lejos que algunos resortes del propio Estado a la hora de localizar a personas clave.
Además, Urreiztieta destacó un caso reciente: el encargo que recibió Mira Detectives en relación con una investigación interna del Partido Popular sobre el hermano de Isabel Díaz Ayuso. Allí, según se explicó en el desayuno, Julio Gutiez rechazó un encargo vinculado a la obtención del modelo 347, un documento fiscal reservado y muy sensible. Esa negativa, según se relató, desencadenó una de las mayores crisis internas del partido, y fue presentada como un ejemplo de ética profesional en el ámbito de la investigación privada.
Pagar por información: una frontera ética abierta
Beatriz Parera centró su aportación en una cuestión delicada y muy actual para el periodismo de investigación: la posibilidad de pagar por información.
Señaló que ahí se abre una línea difícil de fijar, porque implica una relación comercial que va más allá del intercambio tradicional entre fuentes y periodistas. Para ella, pagar por información es algo “cuestionable”, aunque matizó que podría hacerse siempre que se explique de forma transparente que el resultado publicado es fruto de un servicio de investigación contratado.
La verdad tiene un precio: el caso de la “fontanera” del PSOE
Por su parte, José María Olmo recordó que la verdad no siempre se paga solo con dinero: a veces, ofrecer una información “demasiado buena” trae problemas.
Compartió el caso de Leire Díez, conocida como la “fontanera” del PSOE, cuyas fotografías accediendo a la sede de Ferraz fueron publicadas como prueba de su relación con el partido. Olmo explicó cómo se obtuvieron esas imágenes y el reto posterior de defender su autenticidad, especialmente cuando la propia protagonista llegó a insinuar que podían haber sido generadas con inteligencia artificial.
Esta parte del desayuno fue especialmente reveladora para quienes valoramos el periodismo de investigación: mostró hasta qué punto hoy la duda sobre la manipulación tecnológica puede convertirse en un arma para intentar erosionar hechos que sí son verídicos.
Olmo retomó también el debate sobre el pago por información y advirtió de que, cuando se paga de forma recurrente, el riesgo es doble:
• Se puede terminar comprando datos que no son totalmente fiables.
• Y se puede dañar la confianza de otras fuentes cuando saben que el periodista paga por obtener información.
“Soy periodista, no moralista”: la ética en la práctica
En el tramo final del encuentro, Daniel Montero resumió bien la tensión entre ética y oficio con una frase que compartió durante el debate: él se considera periodista, no moralista.
Subrayó que la moralidad del origen de una información le importa porque la “connota”, pero no la invalida por sí misma. Lo crucial, insistió, es comprobar si la información es buena y si es cierta. Detrás de buena parte de las filtraciones hay intereses de todo tipo —desde quienes quieren mejorar el mundo hasta quienes buscan ajuste de cuentas—, pero para el periodista la clave está en la veracidad del dato, no en la pureza del motivo.
El nuevo ecosistema digital y la presión sobre la investigación
El desayuno se cerró con una reflexión compartida por Esteban Urreiztieta y José María Olmo sobre el contexto actual. Ambos señalaron la proliferación de medios digitales y el “overbooking informativo” que hace que muchos lectores ya no distingan tanto entre lo relevante y lo espectacular, sino que se dejen arrastrar por lo que más llama la atención.
Urreiztieta lamentó que esto haya alterado el “proceso de cocción” de la información:
• Las redacciones trabajan bajo una presión constante por publicar antes que la competencia.
• Las exclusivas duran cada vez menos tiempo en primera línea.
• El riesgo de cometer errores aumenta cuando no se respeta el tiempo que exige una buena investigación.
De ahí que defendiera la importancia de conseguir exclusivas periodísticas sólidas, con vida propia, que sobrevivan al flujo acelerado de noticias.
Montero añadió que hoy es “muy importante contar las cosas mejor que los demás”, porque contarlas solo más rápido se percibe cada vez menos.
Una experiencia enriquecedora en La Sociedad Clave
Como asistente al desayuno, salí con la sensación de que este tipo de encuentros son esenciales para comprender el papel del periodismo de investigación y de los detectives privados en la sociedad actual.
El intercambio de casos reales, dudas éticas y experiencias profesionales dejó clara una idea:
Cuando periodistas e investigadores privados colaboran con rigor, respeto a la ley y ética profesional, la verdad gana profundidad, la ciudadanía gana transparencia y la democracia gana control sobre el poder.
Desde La Sociedad Clave, este desayuno no fue solo una actividad más: fue una experiencia positiva, útil y muy ilustrativa sobre cómo se construye la verdad en tiempos de ruido, velocidad y desinformación.




